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En el Metro
Último Mensaje 12 abr 2009 01:43 por Paco Pepe. 0 Respuestas.
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Paco PepeUsuario OffLine
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12 abr 2009 01:43  

 

En el metro
 
Fue en Madrid, tras una jornada de mucho caminar, correr, hablar, escuchar, llega la hora de volver a casa. Avenida Manoteras, estación Virgen del Cortijo-Pinar de Chamartín- transbordo – Manoteras - Hortaleza- Parque de Santa María - San Lorenzo - Canillas- Esperanza - Arturo Soria- Avenida de la Paz - Alfonso XIII – Prosperidad - Avenida de América - transbordo - Diego de León - Ventas- El Carmen – Quintana - Pueblo Nuevo- Ciudad Lineal, andar unos 500 mts y el hotel.
Allí, en el andén de Virgen del Cortijo estábamos muchos curritos, deseando subir para perdernos, me puse al final o al principio del tren. Una chica de melena lacia cuyo color castaño claro me llamó la atención, se acercaba sinuosamente hasta mi altura. Cuando llegó el convoy ella estaba delante de mí, subió antes que yo y se sentó en el único asiento libre del vagón. Mi galantería había supuesto aumentar mi cansancio. Quedaba mucho recorrido hacía mi destino (Pinar de Chamartín- transbordo – Manoteras – Hortaleza - Parque de Santa María - San Lorenzo - Canillas- Esperanza - Arturo Soria- Avenida de la Paz - Alfonso XIII – Prosperidad - Avenida de América - transbordo - Diego de León - Ventas- El Carmen – Quintana - Pueblo Nuevo- Ciudad Lineal, andar unos 500 mts y el hotel), y me aparté al fondo del vagón, pero algo me llamó la atención en la chica, y me así a la barra que subía de su asiento hasta el techo, quería seguir oliendo el perfume que esa chica dejaba tras de si, una estela de aromas que ella había creado solo para mi, eran sus feromonas, pues de ninguna fragancia conocida se trataba. Ese efluvio me sedujo y me llevó a situarme al lado de ella, sujeto por mi mano, aguantando con el cuerpo el vaivén del tren, los aceleros y los frenos, cada traqueteo suponía un roce con su cuerpo, primero. Al mirar a su regazo observé anonadado, sorprendido y erotizado, una vista cenital de sus senos que me hacía creer que era un voyeur, o quizás ella una hermosa exhibicionista. Desde mi perspectiva, su vista era todo un paisaje de la anatomía erótica del ser humano. Su suave cabello dejaba entrever la rectitud apolínea de su nariz, quizás me recordaba a la Venus de Botticelli, ese rostro bello que ofrece la simetría, como armónico y proporcionado era su busto. Ese valle intermamario aumentaba y disminuía según el tren corría, como flanes sus senos temblaban, mis ojos creía que realmente me llamaban y me decían cosas que solo mi cerebro entendía. Era un código entre ella y yo no escrito ni pactado de antemano. Mi mente no paraba de imaginar situaciones, que sensación sería tocar o palpar esas mamas vibrantes, la delicadeza de ese tejido natural, el calor que irradiaban, el placer que me generaban. Su sujetador era de un color rojo tenue, contrastaba con el gris de su suéter de algodón, ligero, suave, sin apreturas. Su corpiño se abría poco a poco, la distancia entre la copa y el pezón aumentaba con su respiración, pero a cada oscilación del vagón su escondido y erecto extremo era cada vez más real que imaginario. Mis manos aferradas al frío metal, se contraían esperanzadas de alcanzar aquel manjar que se exponía a mis ojos. Mi lengua libidinosa se humedecía a cada segundo, mis labios entreabiertos soñaban con succionar aquella piel llena de sensaciones.
 
Conforme el tren avanzaba mis sueños se alejaban cada vez que la siguiente estación se aproximaba pues aunque era anunciada por una voz femenina, no era el timbre ni el tono que mis oídos habían asignado a mi chica del metro. Y para colmo de males tocaba transbordo. Díos que haría yo, después de tanto tiempo solo en Madrid, de tanto trabajo y tanto cansancio, mi Venus se me escapaba. Sorpresa, para el tren, ella se levanta y me acompaña en mi descenso al andén, no se si real o imaginario, pero sus manos se rozan con mis manos, y me coge para descender sin caerse, me sonríe dejándome ver una preciosa boca con la que me agradece le gesto. Le devuelvo la sonrisa, y la sigo por el camino que ella me va abriendo entre la gente en busca de la siguiente estación de la línea 4 dirección Argüelles. No me fijo en los carteles, sencillamente la sigo, y cuando se sube en el vagón, se sienta, yo detrás y allí me quedo, disimulo, me paro a cierta distancia, pero un grupo de jóvenes entran detrás de mi y me obligan a desplazarme, quedando otra vez detrás de ella, elevado y en mi puesto de soñador. Ella sigue mi camino, pues veo al salir que la parada siguiente es Manoteras. Ironías del destino, antes tenía mucha prisa y mucho cansancio, ahora no soportaba que aquella chica se bajara en la siguiente parada.
Me fijo en sus largas pestañas claras, que se curvan hacia mi mirada, recuerdo sus ojos llenos de luz al darme las gracias, pero no recuerdo su color. Contemplo un corazón plateado que oscila en su pecho. Improviso que yo se lo he regalado en el día de nuestro aniversario, recreo la escena en mi imaginación, un mensaje en el móvil, que ella lee con alegría, quedo con ella en Plaza España, y bajo el Quijote le abrocho el colgante, se vuelve y me besa, apasionadamente….
Una nueva parada del metro, despierto de mi dulce sueño. Ella no se levanta, pero a mi si que me la levanta, cada vez que sus senos ascienden y descienden dentro de su textil prisión. Manoteras, Hortaleza, Parque de Santa María, San Lorenzo, Canillas, Esperanza, Arturo Soria, Avenida de la Paz, Alfonso XIII, Prosperidad… la cosa parece que próspera, pero recuerdo la próxima parada que se avecina es Avenida de América y en la siguiente debo realizar un nuevo transbordo para coger la línea 5 dirección Alameda de Osuna hasta Ciudad Lineal. ¿Y si mi Venus sigue en el tren o se baja antes que yo, que haré ?, ¿la seguiré?.  (Escribe que haré yo)

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